El mundo de los dubais


Hasta hace unos años, según nos has contado las Siervas, casi no había coches, si necesitabas ir al centro la mejor opción era ir en bicicleta. En la actualidad no es así, hay coches por todos lados y sobre todo dubais. Conducen por el carril de la derecha como nosotros aunque tienen el volante también a la derecha la mayoría, hay algún vehículo que lo tiene del lado izquierdo porque lo trajeron del extranjero. Las carreteras se podría decir que están asfaltadas, aunque hay muchas zonas que no es así. Los viajes se asemejan al movimiento de un simulador de un parque de atracciones, dado a los baches que te puedes encontrar en el camino. 


  

Cada día es una aventura, y os aseguro que es así, porque subirse en el transporte urbano de Lubumbashi es una experiencia inigualable a la par que un poco peligrosa. Los dubais son unas furgonetas que las han acondicionado para llevar el máximo número de pasajeros posible.


En la zona de aparcamiento de los dubais se amontonan todos en fila, tienes que preguntar el que te toque a la persona encargada para subirte por orden. Hay la zona de aparcamiento legal, pero también hay la ilegal, que son algunos que no quieren seguir ningún puesto que les digan y se colocan en otras zonas que no están asignadas como tal, lo hacen para poder hacer más viajes aunque el precio no varía entre unos y otros. Aún no he logrado saber muy bien  cómo se distribuyen, porque en función de la zona donde aparcan van por una ruta u otra. 







El típico asiento de coche solo lo encuentras en la zona delantera, zona poco recomendable de ir aunque vayas más cómoda sentada por la gran visibilidad que tienes de la carretera y sus peligros. Estos conductores poco siguen la normativa de conducción segura, todo lo contrario, tienen una conducción temeraria, algunos ejemplos de su manera particular de conducir para que os hagáis una idea: se inventan carriles donde no existen, los adelantamientos los hacen por la derecha o por la izquierda, conocen a la perfección la medida del dubai siendo capaces de pasar por el medio de la carretera entre dos camiones (no necesitas estirar el brazo por la ventanilla si quieres tocar el camión, pasan a su lado casi rozándolo), los pocos semáforos que hay en la carretera se los saltan en rojo y la forma de avisar a los peatones de su paso próximo es pitando para que escapen, ellos no desvían su recorrido para esquivarlos, antes los atropellan. Así que, como podéis observar el asiento delantero te permite ver todo lo que está pasando a la perfección y la verdad, es mejor vivir en la ignorancia. A mí me tocó una vez en ese asiento, ya me puse nerviosa al ver que el cristal estaba completamente empañado, si yo no veía casi la carretera, al conductor le tenía que estar pasando lo mismo. Reconozco que no fue un trayecto muy horrible, era primera hora de la mañana y había poco tráfico, pero me fue suficiente experiencia, porque la angustia que pasé al ver cómo adelantaba a un coche en una curva mientras veía que nos abalanzábamos a otro coche que se incorporaba al carril por dónde íbamos pasar, me sirvió para confirmar que prefiero ir en la parte trasera donde solo veo cabezas, sin ver todos los peligros que nos acechan en cada viaje.


Ejemplo de adelantamiento


Los asientos traseros (por llamarlos de alguna manera) son tablas de madera, a veces forradas de tela, con bordes de hierro. En cada tabla de un metro de largo, consiguen meter 4 personas e incluso 5, hay en total 4 tablas. Sin contar los  dos asientos delanteros y el del conductor, esas furgonetas pequeñas tienen una capacidad de 20 personas como mínimo. En ocasiones, en la parte trasera en el hueco que queda libre entre los pies de todas las personas que están sentadas en su tabla y lo que es la zona de paso para salir,  hay niños, algún pasajero agachado, o incluso es la zona de gallos (que vomitan porque se marean), pescados congelados o pollitos pequeños dentro de una caja. Según la tabla que te toque tiene sus ventajas e inconvenientes. Si quedas  en una de las tablas finales próximo a la puerta trasera, tienes el peligro de que se abra sin previo aviso y salgas disparada a la carretera, eso sí, sales de las primeras. En esa misma tabla pero en la otra esquina, te clavas los hierros de la siguiente zona de “asiento”, la gente te presiona hacia ahí por la falta de espacio para todas las personas que sientan en cada tabla aunque tienes la tranquilidad de no salir volando. En la primera tabla justo detrás del conductor se encuentra el motor, por lo que notas un calor extremo en las piernas, además, la persona  que trabaja en este transporte junto con el conductor, normalmente no tiene asiento, lo tienes haciéndote compañía de pie ladeado encima de ti. Esta persona se encarga de abrir las puertas del dubai, avisar las paradas que se tienen que realizar en el recorrido, buscar nuevos pasajeros según vayan quedando huecos libres para llevar llena la furgoneta siempre y cobrarnos a todos. Dicho esto, no sabría deciros cual es el mejor asiento, el que sí que no recomiendo es el de primera visibilidad.


 Encargado que os comentaba con el cuerpo fuera del dubai en busca de nuevos pasajeros, 
en la mano el dinero que ha cobrado

Las paradas no están estipuladas normalmente, los pasajeros dicen la zona donde se quieren parar y les paran donde quieran. La manera de avisar al conductor por parte del chico es dando un golpe a la chapa de la furgoneta, método infalible, para y abre la puerta para que bajen los pasajeros.


En la decoración interna te puedes encontrar desde mantas de pelo encima del salpicadero, hojas verdes de tela alrededor del cristal, banderas varias, peluches colgando del retrovisor o carteles. En la decoración externa suelen tener pegatinas de equipos de futbol (Real Madrid, FC Barcelona, Chelsea…) y nunca falta celo que ayude a tapar los distintos desperfectos de la furgoneta.


Fijaros en la visibilidad del cristal; foto hecha ese día que me tocó ir en primer puesto




El precio es muy económico, aunque dependiendo de la trayectoria varía un poco, cuesta el viaje sobre 250 Francos Congoleños (al cambio son 25 cents, aproximadamente) y lo puedes comparar con el precio de un paquete de 4 galletas o un plátano, la comida es lo más caro aquí comparándolo con el resto de productos. 



Josefina, Midi con el dinero para pagar y yo dentro del dubai

Os acabo de comentar que casi no hay semáforos, sin embargo en el centro de la ciudad te puedes encontrar a este robot dirigiendo el tráfico como si de un policía se tratara, nos han dicho que si que le hacen caso los conductores, algo muy curioso que me llamó mucho la atención.


Como os comentaba al principio de  cómo era la conducción del dubai, así sucede con el resto de vehículos. Cuando te bajas de ellos tienes que mirar con cuatro ojos para evitar que te atropellen.


Como un camión da la vuelta en medio de la carretera





Ya os adelantara que os resumiría el mundo de los dubais, aún así, me dio de sobra para centrarme en una entrada exclusiva para ellos. Os comento que cada día que voy a la maternidad cojo 4 veces el dubai, por lo que no os miento cuando os digo que todos los días vivo una aventura diferente. A pesar de todo lo que os he comentado, de que cada vez que nos bajamos de uno es un milagro que no pasara nada, os aseguro que cuando vuelva para España los echaré de menos.



Adriana

Momentos inolvidables


Desde que era muy pequeña siempre me encantaron los niños, quería ser pediatra, con el paso de los años y la mala relación con la Fìsica&Quìmica me hicieron ver que lo de estudiar medicina no era para mí, aunque siempre tuve claro que mi vida tendría que estar relacionada con los niños y así ha sido, no de pediatra pero si de profesora de infantil, profesión que me encanta y con la que disfruto mucho. Estos días trabajando en la maternidad, me han sacado esa vena “pediatra” que un día dejé atrás. Midi no para de repetirme que tendría que hacer algo relacionado con ese ámbito porque tengo un don y no debería perderlo. De momento sigo con lo de profesora, pero quien sabe a dónde me llevará la vida.

Como os comentaba en la entrada anterior, seguimos lavando y haciendo las curas del cordón, así que ya lo hago como si llevara una vida practicando. Las madres confían en nosotras, aunque cada día hay muchas nuevas, las que ya nos conocen le hablan de nosotras y lo que al principio era desconfianza se ha convertido en seguridad, llegando al punto de que un par de días llegamos más tarde porque empezamos con los niños y jóvenes de la parroquia, y nos sorprendimos al entrar porque varias nos estaban reclamando que llegáramos a esa hora, y muchos de los trabajadores también notaran nuestra ausencia e interrogaran con anterioridad a Midi para saber qué había pasado. Esta situación te dice que estás haciendo las cosas bien y que has logrado entrar un poco en una cultura muy diferente a la nuestra.

La semana transcurría con mucho trabajo en la maternidad (lo habitual; en 21 días un total de 117 partos) y empezando una aventura diferente en la parroquia, donde nos acercamos a los juegos populares congoleños,  que al principio nos resultaron un poco difíciles de entender por emplear más el swahili que el francés, aunque pronto nos unimos a los bailes y les decíamos a las niñas que nos los explicaran en francés. Además de estar en los momentos de juegos, también realizamos clases de inglés para los jóvenes. Una experiencia muy distinta a lo que estábamos viviendo en la maternidad, pero también muy gratificante el tener la oportunidad de conocer esta cultura desde otra perspectiva. Profundizaremos mucho más en la vida de estos niños del 27 de julio al 3 de agosto, porque nos vamos a una colonia con ellos fuera de Lubumbashi, así que estaremos de campamento en una zona aislada de los ruidos de la ciudad, rodeados de la energía y vitalidad de los jóvenes congoleños.



La maternidad todos los días nos sorprende con un instante que consigue emocionarnos; los primeros días por la novedad y experiencias vividas, los siguientes no defraudaron, llegaron cargados de momentos inolvidables, sobre todo para mí. Midi nos había mencionado la posibilidad de ayudarla algún día en un parto, cuando menos me lo esperaba, me lo propuso, se trataba de un parto sencillo  y me preguntó si me atrevía a hacerlo, no dudé ni un segundo en decirle que si, no me considero valiente por ello pero era una experiencia maravillosa que no me quería perder por nada del mundo, por lo que dejé a un lado todos mis temores y me lancé.

La madre dilatara muy silenciosamente y el bebé estaba tan bien colocado que no dio tiempo de llevarla a la sala de partos, allí mismo en la cama lo preparamos todo, fui a por los materiales necesarios, me coloqué los guantes y esperé órdenes. Midi me enseñó cómo palpar la cabeza moviendo los dedos para ayudar al bebé en la salida, tenía que introducir dos dedos bordeando la cabeza para aprovechar cada empujón de la madre y permitir que la cabeza avanzara. Casi sin darme cuenta ya me estaba indicando que empezara a tirar poco a poco del bebé, temblando como un flan pero decidida hacia todo lo que me estaba diciendo así lo hice, de pronto vemos que viene con una mano pegada a la cabeza, así que siguió ella tirando por si se complicaba la salida, pero poco tardó en salir para fuera sin ninguna complicación.  Me quedaba el último paso, cortar el cordón, cogí las dos tijeras que lo pinzan, una vez colocadas lo corté sin ningún problema, la verdad es que pensaba que me costaría mucho más de lo que finalmente fue, en esta ocasión nació una niña. La envolví en la tela y me la llevé a la sala de partos donde continué con todos los pasos sin dificultad, una vez que ya estaba lista la dejé de nuevo en la cama junto a su madre.




Las madres congoleñas sufren mucho en el momento del parto, pero tan pronto nace el bebé lo primero que hacen es darte las gracias, aunque no hayas hecho nada más que darle una mano acompañándolas como puedes en su dolor, pero ellas aprecian eses gestos y lo demuestran. Esta madre no fue diferente, y al dejar a la niña a su lado en seguida me miró con agradecimiento.

Si ya estaba emocionadísima por vivir esa experiencia tan preciosa como la de ayudar a que un bebé empiece su vida, lo que me esperaba al día siguiente no iba pasar desapercibido. La madre de mi bebita vino a traerla al momento del baño y la cura, con curiosidad le pregunté el nombre de la niña (lo suelo hacer a menudo, aunque en muchas ocasiones son nombres que me cuesta entender cuando me los dicen), pero me quedé atónita cuando ella me preguntó el mío, le quería poner mi nombre a la niña! Una Adriana en el Congo en mi honor! No me lo podía creer, se me encharcaron los ojos de la emoción, la abracé y le di las gracias. La bañé con mucha ilusión, ya había sido maravilloso ayudar en un parto como para que te lo agradezcan de una forma tan especial.



Os presento a Adriana, con su madre y conmigo

Ese mismo día, otra madre que ya se marchaba para casa con su bebé vino a decirme que me quería mucho, me había cogido cariño en pocos días. Todos estos detalles hacen que confirme que mi corazón no se equivocaba al escoger el Congo como primer destino de voluntariado, ha sido una de las mejores decisiones que he tomado hasta ahora.



Adriana

Primeros días en la maternidad


Empezaré contando cual es nuestra rutina los días que vamos a la maternidad: nos levantamos a las 5:00 am porque a las 6:15 ya salimos de casa, con una primera parada en una capilla de los Jesuitas y en seguida cogiendo camino hacia el trabajo. Después de coger dos dubais (lo que ahí sería el transporte urbano pero que nada tienen que ver; una futura entrada la emplearé para hablaros del trasporte público de Lubumbashi, os aseguro que para contaros lo que aquí vivimos dentro de ellos me daría para escribir mucho, así que os lo resumiré), y de caminar un pequeño tramo lleno de obstáculos por las pocas aceras que por aquí existen, llegamos a la maternidad a las 7:30 am.

Nuestro primer día en la maternidad, Midi (que ya os hablé de ella en la entrada anterior) nos presentó a todos los trabajadores, mi cara era de ilusión y un poco de vergüenza, y la de ellos era de sorpresa y curiosidad, todos nos saludaron con mucha amabilidad. Empezamos arreglando las camas de las madres y colocando a los bebés en sus cunas, ya que duermen con sus madres para estar protegidos por las mosquiteras. Una vez que acabamos, nos prepararon el agua caliente para empezar a bañar a los bebés, como solo tienen agua fría, nos calentaron dos cubos introduciendo en el agua un hierro que al conectarlo a la electricidad desprende mucho calor, así con esa agua mezclada con la fría nos permitía preparar la bañera con agua templada. Para bañarlos, las madres nos traen a los bebés ya desnudos rodeados de una tela o toalla, y los ponen encima de una mesa para empezar a lavarlos. Midi nos explicó cómo lo hacían allí: primero con una especie de guante de tela de toalla lo mojan en agua tibia y lo enjabonan (tanto el “guante” como el jabón lo trae cada madre) para darle una primera pasada al bebé, después sujetándolo bien por la cabeza y una pierna se mete en la bañera para aclararlo, a continuación lo secamos con la tela en la que nos lo dieron envuelto, y empezamos con la cura del cordón.









En el momento de nacer, el cordón umbilical se limpia con alcohol y se ata con hilo de algodón esterilizado haciendo varios nudos, y después lo tapan con gasas esterilizadas haciendo algo parecido a una lazada. Aunque no es muy recomendable taparlo, aquí lo hacen así porque las madres congoleñas no soportan ver nada del cordón. Así que, la cura se hace quitando esa gasa con cuidado de no quitar el hilo, se limpia de nuevo con alcohol y se pone otra gasa nueva procurando tapar el cordón perfectamente.

Midi nos explicó todo esto, lavó un par de niños para que aprendiéramos, y después ya nos pusimos manos a la obra Josefina y yo, los dos primeros supervisados, después ya nos quedamos nosotras solas ante las miradas de nerviosismo y desconcierto de las madres, y con esos bebés tan frágiles en nuestras manos. Reconozco que con los primeros estaba nerviosa, con temor de lastimarlos sin querer o que algo fuera mal, pero poco a poco me di cuenta de que no se me daba nada mal y me tranquilicé. Cada día, debemos lavar entre 10-15 recién nacidos como mínimo, así que ya me estoy haciendo experta en eso y en la cura del cordón umbilical. Lo que menos me imaginaba cuando empecé en la maternidad es que mi ayuda allí no se iba quedar en eso, pronto supe que mi labor iba ir más allá.

El segundo día en la maternidad ya sabíamos qué teníamos que hacer, pero al poco de llegar ya nos dieron la noticia de que había una primípara que se le rompiera la bolsa el día anterior a las 22h, y que iba ser un parto complicado. Estuvimos toda la mañana pendiente de ella pero no tenía contracciones aunque  se le pusiera medicación para provocárselas. Pasaba el tiempo, la madre estaba agotada pero aun no llegara el momento, solo nos decía que estaba muy cansada, y eso que aun no llegara lo peor. Hacia mediodía, empezó a tener alguna contracción aislada, viendo que el feto ya llevaba un tiempo sufriendo la llevamos a la sala de partos. Durante toda la mañana me fui mentalizando de que se iba acercar un momento crítico para mi, nunca viera un parto antes y justo el primero que iba ver era muy complicado, estaba entre asustada y emocionada.

Por si me encontraba mal o me mareaba me pusieron un taburete (que no lo necesité) y empezamos con el parto. La enfermera empezó a darle con los dedos en la barriga para provocar las contracciones y que sintiera la necesidad de empujar, pero entre que venían pocas contracciones y que la madre no colaboraba nada complicó la situación mucho más. Se trataba de una niña de veinte años que estaba muy asustada y cansada, no era capaz de hacer fuerzas para empujar y no paraba de moverse cerrando las piernas constantemente. Midi decía que el bebé estaba colocado que tenía que hacer un esfuerzo porque lo estábamos perdiendo… seguimos tocando la barriga pero cuando tenía la contracción ella no empujaba.

La cara de impotencia de Midi al ver que no podía hacer nada si ella no empujaba un poco, la llevó a decirle a Sylvie (la enfermera) que lo hiciera ella desde la parte de arriba de la barriga a ver si lograba que el bebé avanzara un poco pero no lo consiguió, Midi también lo intentó pero nada, así que Josefina y yo le preguntamos si quería que lo intentáramos entre las dos, que nos dijera donde teníamos que empujar a ver si así teníamos suerte, nos explicó dónde colocar las manos y Josefina subida casi en la camilla y yo desde el suelo con un pie apoyado contra la pared para hacer más fuerza empezamos a empujar al bebé aprovechando cada contracción. Yo tenía mucho miedo de lastimar a la madre, o lo que era peor, al bebé, pero de repente Midi nos dice que sigamos así que el bebé estaba avanzando, como la madre seguía sin ayudar le tuvo que hacer dos cortes bilaterales para permitir que el bebé pudiera salir, y seguimos empujando hasta que lo logramos, el bebé estaba fuera, era un niño pero no estaba vivo, Midi empezó rápidamente a reanimarlo y yo me quedé paralizada, viera como saliera inmóvil, sin oírlo llorar, un color que en aquel momento me pareció horrible, y no era capaz de acercarme a ver la reanimación, no estaba preparada para ver que no lo lograban reanimar… tragó mucho líquido, estuvo demasiado tiempo encajado, en España habría sido una cesárea pero aquí en muy pocas ocasiones se practican, y las mismas mujeres no las quieren porque son muy caras como para permitírselo. Mi corazón en ese momento es como si se hubiese parado en el tiempo, aunque en todo el parto se hablaba de que habría que reanimarlo no era del todo consciente… de repente, el bebé empezó a reaccionar un poco cuando le echaba por los ojos y la nariz alcohol, intentaba llorar pero sus pulmones no tenían fuerza suficiente para continuar… llevaba casi quince minutos reanimándolo y no terminaba de reaccionar del todo, solo reaccionaba al alcohol pero cuando paraba él también lo hacía… yo veía todo a lo lejos, con lágrimas en los ojos con el miedo de que este parto no tuviera final feliz… pero cuando empezaba a perder la esperanza, reaccionó, respiraba! Una respiración débil y entrecortada pero respiraba, en ese momento ya fui capaz de acercarme y ayudar en la cura del cordón a Midi, empezamos a vestirlo para que pronto entrara en calor. Aquí una vez que nacen los acuestan en la cama donde irá su madre una vez que le quiten la placenta y cosan, así que Midi me dio al bebe para que lo fuera a dejar allí. Lo llevaba con alegría en mis brazos y con los ojos muy pendientes de que su respiración débil se parara… no quería dejarlo solo… así que mientras terminaban con la madre me quedé sentada en la cama acunándolo, con los ojos llorosos por todo lo que había pasado pero con la alegría de que todo había salido bien.









El bebé tuvo que tomar antibióticos y a la madre le costó darle de mamar, pero finalmente todo se arregló y ahora se encuentra bien en su casa, esperemos que así siga porque es un niño luchador desde su primer día de vida.

Su primer baño al día siguiente



Foto hecha el día que se marchaba

Ese primer parto lo tendré marcado en mi memoria para siempre, porque como nos dijo Midi, ese era nuestro bebé, de Josefina y mío, porque  aunque costó mucho que naciera y también fue difícil reanimarlo, si estaba vivo era gracias a que estábamos allí para ayudar, y para mi, saber que esa ayuda ha sido tan grande y poder vivirlo, ha sido una de las experiencias más bonitas que he vivido aquí, y digo una, porque os estoy empezando a contar nuestros días en la maternidad, pero ya hubo otro gran día lleno de emociones maravillosas, del que os hablarè en la pròxima entrada.

Gracias a todas las personas que han hecho posible que este viviendo todo esto, a Esther SSJ por darme la oportunidad de conocer esta ONG, a Taller de Solidaridad por darme la oportunidad de venir aquí, a las Siervas por abrirme la puerta de su casa, a Josefina por ser mi compañera en todo esto, a todos mis amigos y compañeros del colegio por animarme en esta aventura, y a mi familia, sobre todo a mi madre, que aunque sé que te ha costado mucho entender mi necesidad de vivir todo esto, sin tu apoyo no habría sido lo mismo. A todos os digo que estoy viviendo la experiencia más grande de toda mi vida. Os quiero y hoy me despido emocionada por lo que os acabo de contar

Gracias por acompañarme.

Adriana


Nuestra primera semana


Empezamos la semana visitando uno de los barrios de la Katuba, y digo uno porque dentro de la zona de Katuba hay seis barrios diferentes. La República Democrática del Congo es muy grande, y Lubumbashi no se queda atrás, es una ciudad inmensa con muchísimos  barrios diferentes donde en cada uno de ellos puedes encontrar distintos olores, diferencias sociales… pero todos enmarcados en la variedad de colores que rodean estas  calles gracias a los trajes que llevan los/las congoleños/congoleñas, que consiguen alegrarte la vista mirando para todos sus atuendos (en otra entrada hablaré más detalladamente sobre ellos).




Nosotras fuimos a la zona de Katuba Upemba, barrio donde las Siervas de San José tienen otra casa, y allí también es donde se encuentra un nuevo taller que nació a partir de la Canonización de la madre Bonifacia (fundadora de las Siervas de San José). Este taller de producción de los atuendos típicos congoleños, se mantiene gracias a las ventas que realizan de lo que producen y a la ropa que les traen para hacer distintos arreglos. Es un taller pequeño, que está empezando a hacerse camino, pero donde se observa el entusiasmo  y las ganas de luchar porque tenga un buen futuro. En la actualidad, tienen a dos mujeres congoleñas contratadas de manera fija, además de las Siervas que en él trabajan, y en algunas ocasiones que tienen muchos encargos contratan más mujeres de forma temporal. Están buscando nuevas salidas que les permitan ampliar las ventas y poder dar trabajo a más mujeres, y por ello, están hablando con un colegio de la zona para encargarse de los uniformes.







Una vez que vimos el taller al otro lado se encuentra  su casa, como no podía ser de otra manera, es una casa muy bonita donde la madre Bonifacia está muy presente en todos los rincones, aquí  también tienen un jardín precioso donde un huerto grande no pasa desapercibido y en  todas las habitaciones los muebles estaban  lo mas tapados posibles, para que el polvo no pasase con tanta facilidad, aunque dada la zona donde está situada es una tarea un poco difícil de conseguir. Nos quedamos a comer en esa comunidad, y como siempre, nos acogieron con esa calidez y sencillez que las caracteriza, haciéndonos sentir parte de su familia.








Este mismo día nos acercamos a la maternidad Ste Bernadette, de la que ya os adelanté algo en la entrada anterior, para conocer la labor que desempeña Midiala (SSJ que es médica, vivimos con ella y trabaja allí). Antes de que os cuente nada, todos os imaginareis que hay muchas diferencias entre lo que nosotros tenemos y lo que aquí tienen, yo también lo sabía, pero tan pronto entré allí no pude evitar que me diera un vuelco el corazón, una mezcla entre emoción e impotencia me inundó y con los ojos muy abiertos intenté observar cada rincón para que no se me escapase ningún detalle. Pronto comprendí, que lo que en un primer momento puede parecer un sitio poco adaptado para la función que desempeña, en realidad es un buen lugar donde tener a tus hijos, dadas las condiciones en las que viven esas madres.

La maternidad se divide en: 4 habitaciones bastante grandes, sobre todo una de ellas, con varias camas para las madres y cunas para los bebés recién nacidos, mosquitera en cada cama, dos habitaciones mas pequeñas donde hay un par de camas en cada una de ellas y que hacen la función de lo que en España son las salas de dilatación, una sala amplia y luminosa con dos camillas donde se realizan los partos, una zona de aseo y baños, la farmacia, sala de consultas y una habitación “multiusos” donde hay una cama para la persona que hace guardia, un armario con sabanas y mantas limpias, el esterilizador y la mesa de la enfermera (persona encargada de ser matrona en caso de que no haya médico, también de la función administrativa y a mayores traductora de Midi cuando necesita comunicarse en swahili con las madres porque no todas entienden el francés). Como podéis observar es un sitio bastante grande y organizado, así que, cuando analicé todo esto, me di cuenta que de nada me sirve hacer comparaciones y que esta maternidad, que en un primer momento me pareció sobria y fría, pronto me hizo ver que es un lugar de luchadores, donde están pendientes de esterilizar todo (tarea difícil aquí), aprovechan al máximo los medios de los que disponen y que se preocupan porque todos los bebes y sus madres tengan las menores dificultades posibles en el momento del parto.

Sala de partos




Una de las habitaciones, no la màs grande



Sala de consultas




Sala "multiusos"


Una vez que salimos de allí, tanto Josefina como yo sabíamos que necesitábamos colaborar con ellos, conocer de cerca su trabajo, acercarnos a las madres congoleñas y poder descubrir los cuidados que los bebés reciben. Así que, aprovechando que hasta el lunes 14 no empezábamos con los jóvenes de la parroquia, preguntamos la posibilidad de ir a ayudar en lo que pudiéramos a la maternidad, nos daba igual fregar el suelo como hacer las camas, lo que queríamos era acercarnos a esa realidad y vivirla de cerca, y lo logramos, las Siervas hablaron el martes con los encargados y el miércoles pudimos empezar.

Estos 3 días trabajando en la maternidad me han acercado a la problemática en la que viven, y he comprendido que soy afortunada por todo lo que tengo a mi alcance, porque aunque todos somos conscientes de que en el mundo existen muchas realidades, no siempre apreciamos lo que tenemos.


Foto hecha hoy, listas para el trabajo en la sala "multiusos"



En la próxima entrada os cuento lo que he vivido ayudando en mi primer parto, porque ha sido uno de los momentos más duros aquí vividos y al mismo tiempo el más emocionante, porque algo que en España se resuelve de forma muy sencilla aquí lo puede complicar todo mucho.


Adriana


Trenzas congoleñas


Como os adelanté en la entrada del sábado, ayer vinieron a hacerme las trenzas que tantas ganas tenía y que tanto deseabais que me hiciera, siendo una mujer que siempre cumple con lo que dice en esta ocasión no iba ser de otra manera. Durante la semana fue imposible organizarlo, pero el viernes comenté que como no teníamos ninguna excursión programada podría ser un buen momento para hacérmelas, además de que tampoco quería que pasara demasiado tiempo para poder disfrutarlas. Así que el sábado por la mañana fueron a buscar quien me las hiciera, y al poco tiempo Cecile (novicia de las SSJ con la que también vivimos) vino dándome la gran noticia de que el domingo al acabar de comer, a las 13h (quitando los días de la maternidad que llegamos a casa muy tarde siempre se come sobre las 12:15) vendrían a hacerme las trenzas.

El domingo estaba ansiosa porque llegara la hora, nos levantamos temprano porque teníamos una cita con la parroquia con la que vamos a colaborar. Los domingos celebran cuatro misas de las cuales tuvimos que ir al final de las dos primeras, para que el párroco nos presentara a los padres de los niños y jóvenes con los que íbamos estar en las próximas semanas. A la tercera nos quedamos, porque se trataba de la misa de los niños y merecía la pena verla completa, porque con todos ellos estaremos desde hoy y también iban a presentarnos antes de que acabara, y de la cuarta nos libramos, es la misa que se celebra en latín y pedimos ausentarnos en esa. Eses momentos de presentación para mí son horribles, porque con mi timidez que una “musungu” pase por el pasillo central de la parroquia que está abarrotada de congoleños mirándote con mucha atención… para mí no es nada de agrado, pero intenté hacerlo con mi mejor sonrisa y procurando evitar ponerme demasiado roja (los que me conocéis, sabéis que es una tarea algo complicada de llevar a cabo), a pesar de ese mal rato, reconozco que todos nos acogieron con cariño y que una vez que nos volvíamos a donde estábamos situadas, siempre se nos acerco alguien para darnos una bienvenida más personal y agradecer que viniéramos a conocerlos desde tan lejos.

Al acabar nuestra cita volvimos para comer, los nervios y la emoción se fueron reafirmando con cada minuto que pasaba. Por fin llegó la hora, dos mujeres congoleñas con sus hijos venían a analizar mi pelo porque ya me advirtieran que para ellas no era tarea fácil y que no todas sabían hacerlas con nuestro pelo, pero la que vino tenía experiencia con italianas. Una vez que lo vio y le explicaron la idea que yo tenía (aquí hay muchos modelos de peinados con trenzas donde escoger) dijo que necesitaría pelo artificial para poder hacérmelas, así que le di el dinero para que lo fuera a comprar y al poco vino preparada para empezar.

Me senté en una silla que sería mi fiel compañera durante las próximas horas, y la madre congoleña empezó a hacerme pequeños moños para dividirme el pelo por zonas. Una vez que ya estaba todo listo, con un mechoncito muy fino de mi pelo y otros tres mechones igual de finos del artificial, empezó a trenzar mi pelo bien pegado a la cabeza. Jacky estaba preocupada porque me doliera mucho, y si que molestan los primeros tirones y más al ir tan pegada la trenza a la cabeza  como yo quise pero era muy soportable.

El proceso de trenzado tuvo una duración de cuatro horas y media largas… y el dolor que al principio era soportable, cuando llevaba dos horas empezó a ser pesado,  pasadas las tres horas deseaba que terminara y cuando ya íbamos por la cuarta hora no me llegaba el momento de que llegara la ultima trenza. Otra zona tambièn afectada fue mi culo, que dejè de sentir en la mitad del proceso, menos mal que una se las Siervas vio mi cara de socorro y me trajo un cojin para estar màs còmoda. El dolor de cervicales también se hizo muy presente al tener que andar con la cabeza torcida todo el tiempo. Cuando por fin acabó, metió el pelo artificial en agua recién hervida para que no se deshicieran las trenzas, me levantè, estirè bien las piernas y me toquè la cabeza con la alegrìa de tener por fin mi nuevo peinado. Aunque el sacrificio de horas no me lo quitò nadie, en cuanto a dinero no puedo decir que me costara pagarlo, 15 dolares (sobre 13 €) porque es una cifra que en Ourense no me llega casi ni para lavar y peinar.

Aquí os dejo las fotos del proceso, ya me diréis que tal me quedan. Esta no era la entrada que tenía prevista pero supongo que era una muy ansiada, la próxima será la que os comentara.























Adriana

Boda Congoleña


Mi primera semana en el Congo la puedo resumir con dos palabras: muy emocionante. Me faltan horas en el día para poder reflexionar sobre lo que aquí estoy viviendo a cada minuto, y me faltan palabras y momentos para poder contároslo todo al detalle. Estoy  en un mundo tan distinto al nuestro, que todo son novedades.

En la anterior entrada os hablé de los distintos actos a los que asistí en mis primeros días aquí, os comenté algunas cosillas diferentes, pero se me quedaron muchas por contar, así que hoy os voy hablar de la boda, donde pude apreciar  la diversidad de culturas, y por consiguiente, costumbres que existen en el mundo.








Empezaré por quien escoge el marido, la futura mujer o el padre de ella? Aquí a veces escoge la mujer, pero otras muchas es el padre, ya que el hombre que quiere casarse con una congoleña tiene que preguntarle al padre por la dote de la hija, y no podrán casarse si no se llega  a un acuerdo. Así que algunas veces el hombre que decide el padre, porque ha ofrecido una mejor dote, no es el mismo que quiere la hija pero tendrá que aceptarlo.








En la dote se suele pedir: dos cabras (muy apreciadas aquí, lo pude comprobar en la misa del nuevo Obispo, donde vi pasar una cabra por el medio de la Iglesia y en el árbol atada le esperaba una vaca, regalos de la gente congoleña, entre otras cosas. Os podéis imaginar mi cara de sorpresa al ver al animalillo caminando hacia el altar, me quedé tan impactada que ni tiempo tuve de hacerle una foto a ese momento), además de las cabras se pide una cantidad de dinero, sobre 1500 dólares (esta cantidad varía dependiendo del padre), un paño  para la madre de la novia (tela con la que se hacen trajes, tiene que ser de la mejor marca), un traje para el padre, y dependiendo de la familia piden aceite o sal, y después dependerá de la originalidad del padre, incluso pueden llegar a pedir gafas de ver  o lo que se le ocurra. En caso de que el padre pida una dote pequeña porque le da vergüenza pedir mucho, es la propia hija la que se ofende por esa dote tan pobre que no la hace valer. La visión de los padres de aquí cuando nacen una o varias hijas en la familia, es que recuperará la dote gastada en la que es su mujer.

La boda se realiza en un mismo día pero tiene tres momentos diferenciados: a la mañana se casan por lo civil, después de comer la boda por la Iglesia y a la noche la fiesta en su casa. Los padrinos de la boda no son el padre de la novia ni la madre del novio como todos nos imaginaríamos, sino que serán ajenos a sus familias y son los novios quienes los escogen. Sin embargo, los novios entrarán de la mano de su padre (en el caso de ella) y su madre (en el caso de él), una vez que los acompañan a su asiento, los dejan con los padrinos que fueron caminando detrás de ellos, y se sientan en un banco diferente.







 (Podéis ver en estas fotos lo que os acabo de explicar)


La novia lleva cubierta la cara con el velo, que será el futuro marido el encargado de descubrirla en el momento del beso, que empezará con un abrazo para terminar en un tímido y pequeño beso donde casi ni se rozan los labios. Toda la boda estuvo llena de bailes preciosos de las niñas, un coro de jóvenes que cantaban de maravilla y las mujeres con sus gritos en los distintos momentos de emoción de la celebración, como muestra de su alegría.  Al acabar los novios se marchan juntos (en el caso de esta boda también llegaron en el mismo coche, aunque no es lo usual, en eso si que coinciden con nosotros) y unas horas después empezará la fiesta.













Como veis, llevo aquí una semana y aun no he avanzado en contaros nada más que lo que viví en mi primer  fin de semana. Me falta hablaros de los otros actos, pero como mi compañera los ha escrito tan bien en su blog os animo a que lo leáis (el enlace está a la derecha), porque como os decía al principio, me resulta muy difícil contaros todo como me gustaría, así que con lo de Josefina complemento lo que a mí me pueda faltar.

Prometo subir la próxima entrada en un par de días (si la luz me lo permite), y os adelanto que he ido a colaborar con una maternidad, la experiencia más preciosa que he vivido hasta ahora, ir preparando el pañuelo para las próximas entradas, porque si logro transmitiros la mitad de las sensaciones que he tenido, espero conseguir emocionaros como yo me he emocionado viviéndolo.





Muchas gracias a todos los que estáis siguiendo mi aventura, cada mensaje que recibo o comentario que leo en el blog, me anima a seguir escribiendo para compartir lo que estoy viviendo con vosotros. Todos me hacen mucha ilusión, pero he de reconoceros que el que más me ha emocionado ha sido el de mi alumno revoltoso, Héctor al que le mando un beso muy grande y gracias a su familia por enseñárselo, supongo que entenderéis mi debilidad hacia ese comentario.

PD: se que estáis deseando verme con las trenzas, os anticipo que mañana van a venir a hacérmelas a casa, ya me diréis que tal me quedan.


Adriana