Nuestra primera semana


Empezamos la semana visitando uno de los barrios de la Katuba, y digo uno porque dentro de la zona de Katuba hay seis barrios diferentes. La República Democrática del Congo es muy grande, y Lubumbashi no se queda atrás, es una ciudad inmensa con muchísimos  barrios diferentes donde en cada uno de ellos puedes encontrar distintos olores, diferencias sociales… pero todos enmarcados en la variedad de colores que rodean estas  calles gracias a los trajes que llevan los/las congoleños/congoleñas, que consiguen alegrarte la vista mirando para todos sus atuendos (en otra entrada hablaré más detalladamente sobre ellos).




Nosotras fuimos a la zona de Katuba Upemba, barrio donde las Siervas de San José tienen otra casa, y allí también es donde se encuentra un nuevo taller que nació a partir de la Canonización de la madre Bonifacia (fundadora de las Siervas de San José). Este taller de producción de los atuendos típicos congoleños, se mantiene gracias a las ventas que realizan de lo que producen y a la ropa que les traen para hacer distintos arreglos. Es un taller pequeño, que está empezando a hacerse camino, pero donde se observa el entusiasmo  y las ganas de luchar porque tenga un buen futuro. En la actualidad, tienen a dos mujeres congoleñas contratadas de manera fija, además de las Siervas que en él trabajan, y en algunas ocasiones que tienen muchos encargos contratan más mujeres de forma temporal. Están buscando nuevas salidas que les permitan ampliar las ventas y poder dar trabajo a más mujeres, y por ello, están hablando con un colegio de la zona para encargarse de los uniformes.







Una vez que vimos el taller al otro lado se encuentra  su casa, como no podía ser de otra manera, es una casa muy bonita donde la madre Bonifacia está muy presente en todos los rincones, aquí  también tienen un jardín precioso donde un huerto grande no pasa desapercibido y en  todas las habitaciones los muebles estaban  lo mas tapados posibles, para que el polvo no pasase con tanta facilidad, aunque dada la zona donde está situada es una tarea un poco difícil de conseguir. Nos quedamos a comer en esa comunidad, y como siempre, nos acogieron con esa calidez y sencillez que las caracteriza, haciéndonos sentir parte de su familia.








Este mismo día nos acercamos a la maternidad Ste Bernadette, de la que ya os adelanté algo en la entrada anterior, para conocer la labor que desempeña Midiala (SSJ que es médica, vivimos con ella y trabaja allí). Antes de que os cuente nada, todos os imaginareis que hay muchas diferencias entre lo que nosotros tenemos y lo que aquí tienen, yo también lo sabía, pero tan pronto entré allí no pude evitar que me diera un vuelco el corazón, una mezcla entre emoción e impotencia me inundó y con los ojos muy abiertos intenté observar cada rincón para que no se me escapase ningún detalle. Pronto comprendí, que lo que en un primer momento puede parecer un sitio poco adaptado para la función que desempeña, en realidad es un buen lugar donde tener a tus hijos, dadas las condiciones en las que viven esas madres.

La maternidad se divide en: 4 habitaciones bastante grandes, sobre todo una de ellas, con varias camas para las madres y cunas para los bebés recién nacidos, mosquitera en cada cama, dos habitaciones mas pequeñas donde hay un par de camas en cada una de ellas y que hacen la función de lo que en España son las salas de dilatación, una sala amplia y luminosa con dos camillas donde se realizan los partos, una zona de aseo y baños, la farmacia, sala de consultas y una habitación “multiusos” donde hay una cama para la persona que hace guardia, un armario con sabanas y mantas limpias, el esterilizador y la mesa de la enfermera (persona encargada de ser matrona en caso de que no haya médico, también de la función administrativa y a mayores traductora de Midi cuando necesita comunicarse en swahili con las madres porque no todas entienden el francés). Como podéis observar es un sitio bastante grande y organizado, así que, cuando analicé todo esto, me di cuenta que de nada me sirve hacer comparaciones y que esta maternidad, que en un primer momento me pareció sobria y fría, pronto me hizo ver que es un lugar de luchadores, donde están pendientes de esterilizar todo (tarea difícil aquí), aprovechan al máximo los medios de los que disponen y que se preocupan porque todos los bebes y sus madres tengan las menores dificultades posibles en el momento del parto.

Sala de partos




Una de las habitaciones, no la màs grande



Sala de consultas




Sala "multiusos"


Una vez que salimos de allí, tanto Josefina como yo sabíamos que necesitábamos colaborar con ellos, conocer de cerca su trabajo, acercarnos a las madres congoleñas y poder descubrir los cuidados que los bebés reciben. Así que, aprovechando que hasta el lunes 14 no empezábamos con los jóvenes de la parroquia, preguntamos la posibilidad de ir a ayudar en lo que pudiéramos a la maternidad, nos daba igual fregar el suelo como hacer las camas, lo que queríamos era acercarnos a esa realidad y vivirla de cerca, y lo logramos, las Siervas hablaron el martes con los encargados y el miércoles pudimos empezar.

Estos 3 días trabajando en la maternidad me han acercado a la problemática en la que viven, y he comprendido que soy afortunada por todo lo que tengo a mi alcance, porque aunque todos somos conscientes de que en el mundo existen muchas realidades, no siempre apreciamos lo que tenemos.


Foto hecha hoy, listas para el trabajo en la sala "multiusos"



En la próxima entrada os cuento lo que he vivido ayudando en mi primer parto, porque ha sido uno de los momentos más duros aquí vividos y al mismo tiempo el más emocionante, porque algo que en España se resuelve de forma muy sencilla aquí lo puede complicar todo mucho.


Adriana


Trenzas congoleñas


Como os adelanté en la entrada del sábado, ayer vinieron a hacerme las trenzas que tantas ganas tenía y que tanto deseabais que me hiciera, siendo una mujer que siempre cumple con lo que dice en esta ocasión no iba ser de otra manera. Durante la semana fue imposible organizarlo, pero el viernes comenté que como no teníamos ninguna excursión programada podría ser un buen momento para hacérmelas, además de que tampoco quería que pasara demasiado tiempo para poder disfrutarlas. Así que el sábado por la mañana fueron a buscar quien me las hiciera, y al poco tiempo Cecile (novicia de las SSJ con la que también vivimos) vino dándome la gran noticia de que el domingo al acabar de comer, a las 13h (quitando los días de la maternidad que llegamos a casa muy tarde siempre se come sobre las 12:15) vendrían a hacerme las trenzas.

El domingo estaba ansiosa porque llegara la hora, nos levantamos temprano porque teníamos una cita con la parroquia con la que vamos a colaborar. Los domingos celebran cuatro misas de las cuales tuvimos que ir al final de las dos primeras, para que el párroco nos presentara a los padres de los niños y jóvenes con los que íbamos estar en las próximas semanas. A la tercera nos quedamos, porque se trataba de la misa de los niños y merecía la pena verla completa, porque con todos ellos estaremos desde hoy y también iban a presentarnos antes de que acabara, y de la cuarta nos libramos, es la misa que se celebra en latín y pedimos ausentarnos en esa. Eses momentos de presentación para mí son horribles, porque con mi timidez que una “musungu” pase por el pasillo central de la parroquia que está abarrotada de congoleños mirándote con mucha atención… para mí no es nada de agrado, pero intenté hacerlo con mi mejor sonrisa y procurando evitar ponerme demasiado roja (los que me conocéis, sabéis que es una tarea algo complicada de llevar a cabo), a pesar de ese mal rato, reconozco que todos nos acogieron con cariño y que una vez que nos volvíamos a donde estábamos situadas, siempre se nos acerco alguien para darnos una bienvenida más personal y agradecer que viniéramos a conocerlos desde tan lejos.

Al acabar nuestra cita volvimos para comer, los nervios y la emoción se fueron reafirmando con cada minuto que pasaba. Por fin llegó la hora, dos mujeres congoleñas con sus hijos venían a analizar mi pelo porque ya me advirtieran que para ellas no era tarea fácil y que no todas sabían hacerlas con nuestro pelo, pero la que vino tenía experiencia con italianas. Una vez que lo vio y le explicaron la idea que yo tenía (aquí hay muchos modelos de peinados con trenzas donde escoger) dijo que necesitaría pelo artificial para poder hacérmelas, así que le di el dinero para que lo fuera a comprar y al poco vino preparada para empezar.

Me senté en una silla que sería mi fiel compañera durante las próximas horas, y la madre congoleña empezó a hacerme pequeños moños para dividirme el pelo por zonas. Una vez que ya estaba todo listo, con un mechoncito muy fino de mi pelo y otros tres mechones igual de finos del artificial, empezó a trenzar mi pelo bien pegado a la cabeza. Jacky estaba preocupada porque me doliera mucho, y si que molestan los primeros tirones y más al ir tan pegada la trenza a la cabeza  como yo quise pero era muy soportable.

El proceso de trenzado tuvo una duración de cuatro horas y media largas… y el dolor que al principio era soportable, cuando llevaba dos horas empezó a ser pesado,  pasadas las tres horas deseaba que terminara y cuando ya íbamos por la cuarta hora no me llegaba el momento de que llegara la ultima trenza. Otra zona tambièn afectada fue mi culo, que dejè de sentir en la mitad del proceso, menos mal que una se las Siervas vio mi cara de socorro y me trajo un cojin para estar màs còmoda. El dolor de cervicales también se hizo muy presente al tener que andar con la cabeza torcida todo el tiempo. Cuando por fin acabó, metió el pelo artificial en agua recién hervida para que no se deshicieran las trenzas, me levantè, estirè bien las piernas y me toquè la cabeza con la alegrìa de tener por fin mi nuevo peinado. Aunque el sacrificio de horas no me lo quitò nadie, en cuanto a dinero no puedo decir que me costara pagarlo, 15 dolares (sobre 13 €) porque es una cifra que en Ourense no me llega casi ni para lavar y peinar.

Aquí os dejo las fotos del proceso, ya me diréis que tal me quedan. Esta no era la entrada que tenía prevista pero supongo que era una muy ansiada, la próxima será la que os comentara.























Adriana

Boda Congoleña


Mi primera semana en el Congo la puedo resumir con dos palabras: muy emocionante. Me faltan horas en el día para poder reflexionar sobre lo que aquí estoy viviendo a cada minuto, y me faltan palabras y momentos para poder contároslo todo al detalle. Estoy  en un mundo tan distinto al nuestro, que todo son novedades.

En la anterior entrada os hablé de los distintos actos a los que asistí en mis primeros días aquí, os comenté algunas cosillas diferentes, pero se me quedaron muchas por contar, así que hoy os voy hablar de la boda, donde pude apreciar  la diversidad de culturas, y por consiguiente, costumbres que existen en el mundo.








Empezaré por quien escoge el marido, la futura mujer o el padre de ella? Aquí a veces escoge la mujer, pero otras muchas es el padre, ya que el hombre que quiere casarse con una congoleña tiene que preguntarle al padre por la dote de la hija, y no podrán casarse si no se llega  a un acuerdo. Así que algunas veces el hombre que decide el padre, porque ha ofrecido una mejor dote, no es el mismo que quiere la hija pero tendrá que aceptarlo.








En la dote se suele pedir: dos cabras (muy apreciadas aquí, lo pude comprobar en la misa del nuevo Obispo, donde vi pasar una cabra por el medio de la Iglesia y en el árbol atada le esperaba una vaca, regalos de la gente congoleña, entre otras cosas. Os podéis imaginar mi cara de sorpresa al ver al animalillo caminando hacia el altar, me quedé tan impactada que ni tiempo tuve de hacerle una foto a ese momento), además de las cabras se pide una cantidad de dinero, sobre 1500 dólares (esta cantidad varía dependiendo del padre), un paño  para la madre de la novia (tela con la que se hacen trajes, tiene que ser de la mejor marca), un traje para el padre, y dependiendo de la familia piden aceite o sal, y después dependerá de la originalidad del padre, incluso pueden llegar a pedir gafas de ver  o lo que se le ocurra. En caso de que el padre pida una dote pequeña porque le da vergüenza pedir mucho, es la propia hija la que se ofende por esa dote tan pobre que no la hace valer. La visión de los padres de aquí cuando nacen una o varias hijas en la familia, es que recuperará la dote gastada en la que es su mujer.

La boda se realiza en un mismo día pero tiene tres momentos diferenciados: a la mañana se casan por lo civil, después de comer la boda por la Iglesia y a la noche la fiesta en su casa. Los padrinos de la boda no son el padre de la novia ni la madre del novio como todos nos imaginaríamos, sino que serán ajenos a sus familias y son los novios quienes los escogen. Sin embargo, los novios entrarán de la mano de su padre (en el caso de ella) y su madre (en el caso de él), una vez que los acompañan a su asiento, los dejan con los padrinos que fueron caminando detrás de ellos, y se sientan en un banco diferente.







 (Podéis ver en estas fotos lo que os acabo de explicar)


La novia lleva cubierta la cara con el velo, que será el futuro marido el encargado de descubrirla en el momento del beso, que empezará con un abrazo para terminar en un tímido y pequeño beso donde casi ni se rozan los labios. Toda la boda estuvo llena de bailes preciosos de las niñas, un coro de jóvenes que cantaban de maravilla y las mujeres con sus gritos en los distintos momentos de emoción de la celebración, como muestra de su alegría.  Al acabar los novios se marchan juntos (en el caso de esta boda también llegaron en el mismo coche, aunque no es lo usual, en eso si que coinciden con nosotros) y unas horas después empezará la fiesta.













Como veis, llevo aquí una semana y aun no he avanzado en contaros nada más que lo que viví en mi primer  fin de semana. Me falta hablaros de los otros actos, pero como mi compañera los ha escrito tan bien en su blog os animo a que lo leáis (el enlace está a la derecha), porque como os decía al principio, me resulta muy difícil contaros todo como me gustaría, así que con lo de Josefina complemento lo que a mí me pueda faltar.

Prometo subir la próxima entrada en un par de días (si la luz me lo permite), y os adelanto que he ido a colaborar con una maternidad, la experiencia más preciosa que he vivido hasta ahora, ir preparando el pañuelo para las próximas entradas, porque si logro transmitiros la mitad de las sensaciones que he tenido, espero conseguir emocionaros como yo me he emocionado viviéndolo.





Muchas gracias a todos los que estáis siguiendo mi aventura, cada mensaje que recibo o comentario que leo en el blog, me anima a seguir escribiendo para compartir lo que estoy viviendo con vosotros. Todos me hacen mucha ilusión, pero he de reconoceros que el que más me ha emocionado ha sido el de mi alumno revoltoso, Héctor al que le mando un beso muy grande y gracias a su familia por enseñárselo, supongo que entenderéis mi debilidad hacia ese comentario.

PD: se que estáis deseando verme con las trenzas, os anticipo que mañana van a venir a hacérmelas a casa, ya me diréis que tal me quedan.


Adriana


Viaje y primeras impresiones



Os escribo YA desde el Congo, tantas ganas que tenía de que llegara este día, que si me paro a pensar que por fin estoy aquí, me tendría que pellizcar para creérmelo, aún no soy del todo muy consciente.


El viaje… algunos retrasos por el mal tiempo en Madrid, pero todo fue como la seda. Muchas horas de vuelo, de esperar en los aeropuertos, dolor de espalda por el peso de la mochila, pero llena de ilusión y emoción viendo como cada vez estaba más cerca de mi destino.






































La llegada al aeropuerto de Lubumbashi, podría decir que algo caótica, aunque sin ningún problema. Como primera anécdota os contaré que al bajarnos del avión había mucha gente en la pista recibiendo a los que llegábamos (civiles, policía, militares…). Yo estaba buscando a Jacky que me avisara de que ella estaría allí, cuando veo a un hombre que me saluda a lo lejos, recordé todos esos consejos que me dieron mi familia y amigos; no hables con desconocidos, no te muevas con nadie solo con Jacky, no lleves nada que llame la atención con tu color de piel suficiente… asi que, decidida a hacerles caso, ignoro el saludo sin ni siquiera comentarle nada a Josefina. Entramos en la zona de control de pasaporte, cuando de repente me tocan por detrás y escucho: Adriana bonjour!, me giro, y era el hombre de antes! Le contesto educadamente y me vuelvo a girar, con todo el desconcierto ni me doy cuenta  de que me había llamado por mi nombre, cuando lo pienso, me digo a mí misma: imposible, escucharía mal.  El hombre insiste en hablar conmigo y aviso a mi compi que habla bien el francés, quería que nos fuéramos con él! (vuelvo a recordar todos esos consejos…) asi que le digo que no, pero él insiste y nos empieza a hablar de una monja, Josefina le pregunta: qué monja? Pero no nos dice el nombre, asi que me dice mi compañera: aquí hay muchas monjas misioneras, a saber! Cuando lo veo llamando por teléfono y me lo pasa, era Emilia, Sierva de San Jose, y me dice que estemos tranquilas, que ella y Jacky nos están esperando en la puerta del aeropuerto. Madre mía! Menuda vergüenza, ese hombre nos viniera a buscar de parte de las Siervas y nosotras dándole problemas… menos mal que fue paciente, y finalmente cogió nuestros pasaportes, nos sacó a la puerta y se encargó de todos los trámites junto con la búsqueda de nuestras maletas, para evitar que nos las abrieran y registraran por ser extranjeras. Cuando todo acabó, no sabíamos cómo disculparnos por nuestra desconfianza, ni parar de darle las gracias por su ayuda.   


Nos subimos al jeep que nos estaba esperando y empezamos camino rumbo a Kashobwe, donde sería nuestro hogar las próximas semanas. Miro a través de la ventanilla, y observo las miradas curiosas de los congoleños mirando a dos “musungus”, como ellos nos llaman, (significa “blancas” en swahili). A mi alrededor todo es tierra roja, casi no hay aceras, y las carreteras están regular, sin embargo todo fluye con normalidad, no hay mucho tráfico en ese momento. Mis ojos miran muy curiosos por ver cada rincón por donde pasemos de Lubumbashi: las señoras que llevan cestos muy grandes con fruta y otras cosas, el niño que vende chicles, la madre que lleva a su bebé en la espalda atado con una tela… casi no hay edificios, lo que hay son casas pequeñas o chabolas.  


Llegamos a nuestra nueva casa, donde nos esperan con unos carteles de bienvenida en distintos idiomas. Las Siervas nos acogen con todo su cariño y una gran sonrisa en sus caras.









 






Llevo aquí tres días, y hemos asistido a muchos acontecimientos: celebración religiosa, boda congoleña y recibimiento nuevo Obispo en la catedral de Lubumbashi. Todas las celebraciones han sido preciosas, donde puedes sentir la alegría que te transmiten con cada canto en swahili y cada baile. Me he emocionado muchísimo pudiendo vivir tanto en tan poco tiempo, la acogida que hemos recibido de todos, en seguida nos miraban y nos hacían gestos para enseñarnos sus movimientos con las manos en los cantos, o como el recién casado pide orgulloso una foto con nosotras porque hemos asistido a su boda, cuando las agradecidas y sorprendidas somos nosotras, o cómo dar la paz en la misa, ya que aquí hay dos formas de hacerlo: una, estrechando la mano derecha de forma normal pero con la izquierda te tocas la zona del codo pero por el interior del brazo; y la segunda, estrechas la  mano derecha de forma habitual, pero en seguida cierras la mano agarrando la de la otra persona y a continuación la vuelves a estirar y estrechar como al principio, para terminar como empezaste.






 (Las niñas bailaron durante la boda, y se descalzaron para estar más cómodas)








Para aquellos que estais tan preocupados por mi alimentaciòn, tranquilos, como sopa, arroz, pescado frito, pollo... y de la comida tìpica he probado la hoja de manioca, parecìan espinacas, pero es una verdura que tiene un sabor muy fuerte, y el bukari, es una bola blanca hecha de harina de maiz, no sabe a nada, lo usan como nosotros usamos el pan y se come con las manos. 

 


Solo puedo decir; que estos primeros días han superado con creces todas mis expectativas, y que no paro de aprender sobre una cultura tan diferente a la nuestra.




Como veis ya me empiezo a vestir como una congoleña, lo próximo serán las trenzas.


PD: perdonar si hay algún fallo al escribir, pero el teclado del ordenador es francés y estamos empezando a conocernos.  


Adriana

Con las maletas casi listas para mi viaje al borde del mundo... Lubumbashi

Bueno... soy novata en esto del blog... pero creo que la aventura que voy empezar en un par de días merece que me acerque a las nuevas tecnologías y que comparta con vosotros, dentro de mis posibilidades, la experiencia más increíble de mi vida (como creo que será). 

No sé muy bien por donde empezar, ya que se me vienen muchas ideas a la mente cuando pienso en describiros mis ilusiones.. mis sensaciones.. mis deseos... mis expectativas... en definitiva, la idea que tengo de lo que creo que viviré en este viaje... 

Empezaré presentándome, soy Adriana Martínez, voluntaria y coordinadora del comité de Ourense de Taller de Solidaridad... y voy a estar 5 semanas en Lubumbashi (Rep. Dem. Congo), gracias al programa de voluntariado internacional que me ofrece Taller de Solidaridad (TdS). Podría hablaros un poco de cómo soy... pero creo que escribiendo mis vivencias, mis miedos, mis alegrías... de estas próximas semanas... esa será la mejor forma de que me conozcáis, así que espero que me sigáis en esta aventura.









Algunos os preguntaréis en qué momento decidí hacer esta locura... la verdad es que es algo que tengo en mente desde hace muchos años, siempre quise hacer voluntariado internacional y conocer en primera persona las necesidades que existen en otros países. Lo sé, para saber lo que pasa por ahí fuera no hace falta nada más que navegar en internet... pero para mi manera de entender las cosas, conocer una realidad tan complicada es imposible de percibir al 100% a través de una pantalla, necesitas verlo con tus propios ojos y vivirlo, y yo, quiero conocer todo eso y poder aportar mi granito de arena ofreciendo mi ayuda a las personas que me cruce en esta experiencia. 





"Para ver el borde del mundo no hace falta viajar; pero el viaje te expone, y tiene sentido porque al volver esta experiencia te transforma la vida". 




Hace un par de meses, hicimos la formación de voluntario que nos ofrece TdS a todos los que queremos viajar a uno de los proyectos con los que colaboramos. El formador, empezó su charla preguntándonos a dónde queríamos llegar y qué queríamos dejar atrás... la primera pregunta, la tenía muy clara, quería llegar a las vidas de otras personas que no han tenido la misma suerte que yo y compartir con ellas su día a día... sin embargo, la segunda, me sorprendió un poco más, nunca me la había planteado... en un principio, no supe que contestar... después, reflexioné, y aunque aquí tengo todo lo que se puede pedir y no tendría que escaparme tan lejos por tener que dejar nada atrás, en el fondo sí que tienes que dejar algo... yo quiero dejar mi vida por un tiempo determinado, mis rutinas, mi familia, mis amigos, los problemas del día a día... dejarlo todo, para poder vivir esta experiencia que me ayude a conocerme mejor, a reafirmar que todo el esfuerzo que dedico para ayudar a otras personas merece la pena, y sobre todo, a aprender a valorar aquellas cosas que realmente son importantes y saber apartar las que no lo son tanto, en definitiva, dejar a la Adriana de ahora para que vuelva una persona renovada con unos nuevos valores y poder compartirlos con las personas que quiero. 

¿Por qué el Congo? Esa es la pregunta qué más le ha costado entender a mi madre, podría haber ido a Filipinas, Perú, Chile... ella estaría mucho más tranquila en cualquier otro sitio antes que el Congo, y supongo que como ella, la mayoría. En todos los sitios donde TdS colabora hay necesidades, así que cualquiera sería el perfecto para ir a conocer y colaborar... sin embargo, siempre supe que tenía que ser el Congo, soy una persona que desde pequeña tuve las ideas muy claras, y lo mismo que siempre quise hacer voluntariado pues para el destino no iba ser menos, nunca lo dudé... supongo que mi corazón siente que es uno de los sitios donde hay más necesidades y donde viviré un cambio más radical a mi realidad y por eso, allí es a donde quiero ir. 





Faltan dos días para emprender mi aventura congoleña, y como no, aunque ya empecé hace más de una semana, sigo a vueltas con las maletas, qué me hará falta, qué les puedo llevar que necesiten, qué medicinas necesitaré... he de decir, que llevo dos maletas grandes llenas de cosas para regalar y una mochila, que será lo único que venga conmigo a la vuelta (a ver cómo consigo desplazarme por el metro y el aeropuerto con tanta cosa), pero sobre todo lo que llevo conmigo es la ilusión de vivir un sueño y de aprender todo lo que sé que esta experiencia me va aportar. 

En este viaje no voy sola, me acompaña Josefina Nieto, voluntaria del comité de Linares. Ella ya tiene experiencia en una aventura similar, el verano pasado se fue 3 meses a Perú, así que creo que no me podría llevar mejor compañía para esta vivencia. Para que la conozcáis, os invito a que leáis el blog que escribió el verano pasado desde Perú:

http://decazorlaalosandes.blogspot.com.es



Y este año, ha empezado otro nuevo para contar sus impresiones en el Congo... así que a través de mis palabras, y las de ella, creo que será una bonita forma de acompañarnos. 

http://delguadalquiviralcongo.blogspot.com.es


Además de estos, tenéis el blog de Taller de Solidaridad "Estrechando lazos", donde otros voluntarios que van a vivir esta experiencia en Filipinas y Chilé subiran su aventura.

http://estrechandolazostds.wordpress.com/


También tenéis el enlace directo pinchando en las fotos que aparecen en la parte derecha hacia abajo del blog. 



Os escribiré lo más a menudo que me permita la comunicación desde allá. 


Muchas gracias por acompañarme.


Me despido con otra frase que también me gustó mucho de la formación:


"La solidaridad llega cuando te preocupas por los problemas que afectan a las personas que no conoces y que duran más de tu tiempo de vida".




Adriana